VIERNES, Quinta Semana de Pascua , 08 de mayo de 2026 (Ciclo a)

SANTO DEL DÍA

El portugués Antonio Farías, hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba del Tucumán (Argentina), pidió a un compatriota suyo, residente en Brasil, que le enviara una imagen de la Inmaculada Concepción de María Santísima para venerarla en la capilla que estaba construyendo dentro de sus tierras. Aquel amigo, envió dos estatuillas: una según el pedido original, y otra representando a la Madre de Dios con el niño Jesús en brazos. Ambas imágenes fueron colocadas en sus respectivas cajas y enviadas en una carreta junto con otros enseres. Al llegar a las cercanías del Río Luján, zona de los Buenos Aires, después de tres días de duro viaje, los troperos encargados de transportar la preciosa carga decidieron pasar la noche en la estancia de don Rosendo de Trigueros.

Al día siguiente, se alistaron para continuar el viaje; pero no lograron mover los bueyes que tiraban de la carreta. Era como si, de pronto, los animales se hubiesen vuelto incapaces de arrastrar la carga, un jinete bajó una de las cajas de la imagen de la Virgen, entonces los bueyes empezaron a jalar la carreta al instante. El contenido era el mismo que habían cargado desde el inicio: una de las estatuillas de la Inmaculada Concepción. La Madre quería quedarse allí, en ese pueblito junto al río. Acto seguido, la imagen fue trasladada a la casa de uno de los locales, un tal Rosendo, cuya familia la recibió con alegría y devoción.

Con el transcurso de los días se decidió construir una gruta y colocar allí la imagen para que pudiese ser venerada apropiadamente. La ‘Virgen de Luján’ -como se le empezó a llamar- había llegado para quedarse en el corazón del pueblo argentino. El 8 de mayo de 1887 se realizó la coronación canónica de la imagen de la Inmaculada, la Virgen de Luján. Años después la gruta sería reemplazada por una basílica erigida en el mismo lugar: el Santuario de la Virgen de Luján.

Evangelio del día

San Juan 15, 12-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.

De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».

Palabra del Señor

  • Permanecer unidos al Resucitado, se traduce en ser fieles hasta el final, porque ya no somos siervos, somos amigos del Maestro, es decir, hay una intimidad de amor que nada ni nadie nos podrá separar. Somos amigos en la persona de Jesús, porque Él nos ha revelado toda la verdad del Padre que también es nuestro Padre.
  • La elección de amistad es un regalo que viene del Resucitado, él nos elegí por gracia, por una iniciativa de amor, y nos da una misión de ir anunciar con veracidad este mensaje y demostrarlo con obras, y frutos que perseveren y permanezcan hasta la eternidad. Quien persevera en la amistad con la Trinidad podrá pedir lo que sea a este Dios Trino y amor y él lo concede

PRÁCTICA DIARIA

  • Si tienes un verdadero amigo ora por él.
  • Santísima Virgen de Luján hija de Dios Padre, Madre de Jesucristo, Esposa del Espiritu Santo, depósito de la Trinidad, intercede en este día por nosotros, Amén.

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