JUEVES Quinta Semana de Cuaresma, 26 de marzo de 2026 (Ciclo a)

SANTO DEL DÍA

En el reinado de Diocleciano, el Papa San Cayo estuvo grandemente preocupado por la seguridad de los cristianos en Roma. Cástulo, un celoso cristiano que era camarero del emperador, se ofreció; a arreglar todo lo necesario para que se tuvieran servicios religiosos en el mismo palacio del emperador, ya que este lugar no se prestaba para investigación alguna; y aún más, Cástulo albergó a los cristianos en su propia casa, adjunta al palacio y les procuró un lugar para sus reuniones. No contento con servir así; a la Iglesia, él y su amigo Tiburcio recorrieron Roma convirtiendo hombres y mujeres al cristianismo y llevándoles ante el Papa para que fueran bautizados. Posteriormente fue traicionado por un apóstata cristiano llamado Torcuato. Llevado ante Fabiano, prefecto de la ciudad, fue cruelmente atormentado y después arrojado a un foso cubierto con arena.

Evangelio del día

San Juan 8, 51-59

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».

Los judíos le dijeron:
«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».

Jesús contestó:
«Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».

Los judíos le dijeron:
«No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».

Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».

Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor

  • La promesa de vida eterna que Jesucristo menciona en este evangelio influye profundamente en las acciones de nuestro diario vivir, teniendo siempre presente que la muerte es una realidad, nuestro modo de pensar y de ver el mundo cambia totalmente, pues pondríamos más amor en cada cosa que hagamos, cultivaríamos las virtudes entre ellas la humildad y la paciencia, nuestra persona sería testimonio vivo de la eternidad.
  • ¿Has pensado en el cielo? ¿En que hay después de la muerte? , no pensemos tanto, actuemos más en obras buenas que nos permitirán llegar hasta allá, como nos dice Santa Teresita del niño Jesús, “Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”, nuestro trabajo en las cosas del Reino de Dios no es vano, existe una recompensa no temporal sino eterna, además no solo cambiamos el mundo y ayudamos a otros a encontrar esa vida eterna, sino que también vamos perfeccionando nuestro corazón, en un corazón más puro, más santo.
  • Si todos tenemos este pensamiento de que iremos al Padre, todo a nuestro alrededor se transforma, seremos todos un solo corazón. “Que pequeña me parece la tierra cuando miro al cielo” San Ignacio de Loyola

PRÁCTICA DIARIA

  • Luchar por ganar el cielo.
  • San Cástulo me enseña: A servir al único rey verdadero Jesucristo Nuestro Señor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *