DOMINGO Quinta Semana de Cuaresma, 22 de marzo de 2026 (Ciclo a)

SANTO DEL DÍA

San Epafrodito nace en Filipos (ciudad antigua ubicada en la región de Macedonia Oriental, en la actual Grecia), fue un colaborador de San Pablo, según la carta a los filipenses, este cayó enfermo cuando fue a visitar al apóstol y llevarle una colecta, pero Dios en su inmensa misericordia lo curó para que San Pablo no estuviera preso y en tristeza, luego lo envió con una carta para Filipos, pues en ese lugar deseaban ver a Epafrodito, la carta contenía ruegos para que recibieran con alegría al santo, según el Martirologio Romano fue luego Obispo de Terracina (Italia) enviado por San Pedro cuando éste estuvo en Roma.

Evangelio del día

San Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo:
«Señor, el que tú amas está enfermo».

Jesús, al oírlo, dijo:
«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.

Solo entonces dijo a sus discípulos:
«Vamos otra vez a Judea».

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa.

Y dijo Marta a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».

Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:
«¿Dónde lo habéis enterrado?».

Le contestaron:
«Señor, ven a verlo».

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
«¡Cómo lo quería!».

Pero algunos dijeron:
«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».

Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:
«Quitad la losa».

Marta, la hermana del muerto, le dijo:
«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».

Jesús le replicó:
«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

Y dicho esto, gritó con voz potente:
«Lázaro, sal afuera».

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
«Desatadlo y dejadlo andar».

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra del Señor

  • Marta, María y Lázaro eran amigos de Jesucristo, compartían en la mesa, y también su fe, al ver Marta a su amigo la esperanza llega a su corazón, esta experiencia dolorosa le permite confiar y esperar en quien es la vida.
  • Jesús quiere escuchar de los labios de Marta si realmente cree en la resurrección, la respuesta fue positiva, Marta sabia en quien estaba poniendo su situación, este momento confirma que el misterio de un Dios que da vida aun después de la muerte, su autoridad mesiánica le permite traer a la vida a quien ha muerto.
  • ¿En la prueba estamos dispuesto a abandonarnos y a tener esperanza en quien es la vida plena? ¿Cuál es nuestra respuesta ante el creer en Jesucristo?
  • La muerte no es el final, si morimos en Jesucristo, obedeciendo a su palabra sin duda alguna resucitaremos con él a la vida eterna.
  • Cuando la muerte, la enfermedad, los conflictos, la aflicción, el abandono, y todas aquellas experiencias que nos angustian toquen nuestra vida, debemos aferrarnos a Dios hasta tal punto que el amor a él nos permita tener esperanza, de que nada será tan importante como servirle y amarle, y saber que él nos levanta siempre sea cual fuere la situación.

PRÁCTICA DIARIA

  • Hacer el Credo todas las noches.
  • San Epafrodito nos enseña a ser lideres y colaboradores del Evangelio con dedicación y servicio, incluso en medio de la enfermedad.

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