JUEVES, Vigésimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario, 25 de septiembre (ciclo c)

SANTO DEL DÍA

San Sergio nació en una familia noble sus Padres fueron Cirilo y María, desde muy niño consagró su vida a servir a Dios, pero sus padres no querían que se entregara a la vida monástica así que una vez murieron él y su hermano se fueron a una colina y allí con esmero y dedicación construyeron una iglesia consagradas a la Santísima Trinidad, pronto su hermano mayor lo dejó solo y él sin más reparo continuo en su soledad en completa oración y ayuno para encontrar más y más a Cristo, pronto uno de los superiores de un convento cercano le dió los hábitos, se entregó por completo a Dios y cada día leía de la vida de muchos santos sin duda alguna quería alcanzar la santidad, fundó un monasterio donde él seria el sacerdote de aquel convento debido a que muchos le buscaban para ser orientados con el fin de ser salvos. Tiempo después San Sergio no quería continuar con la dirección de su propio monasterio, pues muchos de los monjes se revelaron a si que huyo al bosque y al cabo de cuatro años regreso, antes de morir instruyó a sus monjes, para que estuvieran peregrinando, se cuidaran espiritualmente, moderación en la comida y la bebida y mucha oración para no caer en tentación.

Evangelio del día

San Lucas 9, 7-9

En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Herodes se decía:
«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?».

Y tenía ganas de verlo.

Palabra del Señor

  • La curiosidad no es buena cuando solo queremos saber de Jesús, pero no practicar su palabra y vivir su amor, debemos tener cuidado de no ser personas con solo incertidumbre y no con inquietud de iniciar un proceso de cambio en nuestras vidas.
  • Cuando la envidia anide nuestro corazón, nos convertimos en personas inhumanas capaces de quitar de en medio a quienes me orientan en la verdad, y con quienes me siento amenazado de perder mis reconocimientos, comenzamos a opacar las cualidades de los demás para que las mías sean resaltadas, y es ahí cuando nuestro propósito de ser buenos hijos de Dios se pierde, querer todo para si , me hace tener un corazón duro, pero cuando nos negamos y ponemos nuestra vida al servicio del prójimo ya no habrá duda que inquiete mi interior, si se que lo que debe importarme es buscar a Cristo para que transforme mi vida.

PRÁCTICA DIARIA

  • Estudiar la Santa Biblia para conocer de la persona de Jesús.
  • San Sergio de Radonezh nos recuerda: «Por la Unión y Amor nos salvaremos» 

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