LUNES, Vigésimo Segunda Semana del Tiempo Ordinario, 01 de septiembre (ciclo c)

SANTO DEL DÍA

San Egidio su nombre real Gil nacido de una familia noble de Atenas, fue criado en la mejor educación y era especialista en Sagradas Escrituras, al morir sus Padres vendió su herencia y la repartió a los pobres, luego fue a Francia se dice que construyó una choza para dedicarse a la oración como ermitaño estuvo en la desembocadura del Ródano, luego fue a un bosque y construyó allí una choza pero hacia tanto frio en aquel lugar que casi desiste de la soledad, una cierva le dió alimento y calor durante algún tiempo, un rey persiguió a la cierva para cazarla pero terminó por herir a San Egidio y en arrepentimiento le construyo un convento benedictino, a él se sumaron varias personas, se dice fundó un monasterio de Saint Gilles-du-Gard. Años después Carlomagno busca a San Egidio siendo abad para que intercediera por su pecado imperdonable, estando en la misa san Egidio se le entrego por un ángel un pergamino con el pecado. El abad le dijo a Carlomagno que debía arrepentirse, tiempo después muere en el monasterio.

Evangelio del día

San Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».

Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.

Y él comenzó a decirles:
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.

Y decían:
«¿No es el hijo de José?».

Pero Jesús les dijo:
«Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».

Y añadió:
«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán y el sirio».

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Palabra del Señor

  • Cuantos religiosos y consagrados en la actualidad son tema de critica, los mismos de su comunidad denigran su persona, no oramos por ellos, pues se nos hace más fácil criticar que ayudar a corregir, Jesús mismo dijo nadie es profeta en su propia tierra y es una verdad más que cierta las personas que tenemos a nuestro alrededor o quizás nosotros mismos nos convertimos en seres crueles que despellejamos la dignidad de nuestros hermanos, que nos alegramos de que a otros les vaya mal, y despertamos envidias que hacen que calumniemos al prójimo. En nuestra Iglesia católica escuchamos a diario las lecturas de cada día pero no las aplicamos, las dejamos en ese instante y no permitimos que haga eco en nuestros corazones, cuando no cumplimos las palabras de Jesús a través de los evangelios es como si estuviéramos rechazando su persona como en aquel pasaje bíblico.
  • Cuantas veces hemos acogido a misioneros en nuestras casas, y una vez se marchan comenzamos a sacar lo malo, sin permitir capturar lo bueno de ellos que puedan hacerme buena persona, estamos tan acostumbrados a juzgar que ya no miramos la cualidades de nadie sino vemos los defectos que son también los nuestros, es por eso que Jesús hoy nos recuerda que seguirlo no es fácil en un mundo tan orgulloso e hipócrita, pero que ungidos por el Espiritu Santo podremos aceptar la palabra y darla a conocer a otros sin importar quien Dios ha utilizado para anunciar su mensaje salvífico.

PRÁCTICA DIARIA

  • Orar por quienes anuncian la palabra de Dios.
  • San Egidio nos enseña a dedicarnos a la oración.

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