
SANTO DEL DÍA
SAN GERMÁN DE PARIS (490-576)
San Germán nació en Germán en la Borgoña, en Autun, su niñez no fue fácil, pues su Madre quería abortarlo, y vivió entre celos e intrigas, su pariente de Lazy años más tarde le da todos los cariños que no tuve, y el ambiente que le ofreció en su casa fueron propicios para crecer en piedad, tiempo después el Obispo Agripin, el de Autun, lo ordena sacerdote, luego Nectario, su sucesor, lo nombra abad del monasterio de san Sinforiano, dedicado a la oración, la observancia de la disciplina, el espíritu penitente y la caridad. Es desde aquel momento que comienzan los milagros, cualquier pobre que se acercará a él no se iva sin comida, entonces entre los frailes comenzaron las murmuraciones, entonces al día siguiente de haber hecho la caridad llega el doble de comida, también se dice que apago el fuego con agua bendita en un deposito de heno cerca al monasterio, y el milagro más notorio fue cuando el Obispo por celos lo mando a la cárcel al instante estando en la celda se le abren las puertas, San Germán no quiso escapara, esperando que él mismo obispo viniera, este se lleno de admiración. El rey Childeberto con su gobierno hace que sea nombrado obispo de París a la muerte de Eusebio , y lo nombra limosnero mayor, también sanó al rey, y además excomulgó a su nieto por andar con varias mujeres, años después muere San Germán.
Evangelio del día
San Marcos 10,28-31
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».
Palabra del Señor
MEDITACIÓN
- Hoy Pedro le recuerda a Jesús que lo ha dejado todo para seguirle, es como si quisiera que el Maestro le recompensará su entrega, es quizás un poco egoísta la expresión de aquel discípulo.
- Jesucristo no demora en responder, en revelar lo que debe exigirse cada ser humano para seguirle, pero no solo habla de condiciones, sino también de recompensas no temporales sino eternas, es por eso que quienes se creen salvos por sólo creer en Jesús no están cerca del cielo, creer exige sufrimientos, despojarse de los interese propios para vivir por Dios y por los hermanos, dejarlo todo para obtener la vida que no acaba junto a Jesús, EL Señor quiere que cada persona sea libre haciendo la voluntad del Padre.
- Hoy en día somos como Pedro, queremos donarnos pero recibir agradecimientos, premios, honores, pero es que así no funciona en las cosas de Dios, quién este dispuesto a seguirle debe soltar todo aquello que impida cumplir el discipulado, es verdad que necesitamos de nuestra familia, de bienes materiales, pero esto no puedo tomar el primer lugar en nuestras vidas es sólo Jesús que debe gobernarla, buscar el Reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura. El Papa Francisco nos dice tres cosas que con facilidad nos alejan de Jesús: las riquezas, la vanidad y el orgullo.
- En nuestra vida lo primordial no es tener y tener, sino hacer y hacer el bien, con los más necesitamos practicar la caridad es sumamente importante, en la actualidad existen muchas personas que tienen todo materialmente hablando pero sus corazones están vacío, pues no comparten con los demás, su egoísmo y orgullo, no les deja mostrar su rostro amable, entonces debemos despertar y darnos cuenta que tiene valor en esta vida, ¿Qué hacemos en este momento para ganar el cielo? ¿ Mi deber de bautizado lo cumplo, obedezco a la misión que se me fue encomendada?, como Santa Teresita del niño Jesús digamos “Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”.
PRÁCTICA DIARIA
- Hoy me propondré llevar un mercado o ropa algún necesitado que conozca, comparte, comparte y así heredaremos el cielo, siempre encaminados a la unidad, vivir todos teniendo un solo corazón.
- San Germán nunca dudo de la providencia de Dios, se donó porque sabia en quién confiaba en Dios Padre eterno.
