
SANTO DEL DÍA
SAN FRANCISCO DE SALES (1567-1622)
San Francisco nace en castillo de Sales en Saboya, bautizado al día siguiente de nacido, desde niño sufría quebrantos de salud pues nació prematuro, su Madre piadosa le enseñaba catequesis que él repetía a quienes veía, su Padre le consigue un profesor riguroso para que no se convirtiera en un niño mimado ya que su Madre lo cuidaba mucho y la pasaba con ella la mayor parte del tiempo, era ordenado debido a que se trazaba programas para el día a día, siempre destinando tiempo para orar ante el Santísimo Sacramento, confesarse y asistir a misa, se distinguió en retórica y en filosofía; después se entregó apasionadamente al estudio de la teología, se ordena sacerdote fue obispo de Ginebra, fundó junto con santa Juana de Chantal la Orden de la Visitación, escribió tres libros famosos : “Las controversias”(contra los protestantes); La Introducción a la Vida Devota” (o Filotea) y El Tratado del Amor de Dios (o Teótimo), tanto como la colección de sus sermones, San Francisco de Sales es Doctor de la Iglesia siendo llamado “El Doctor de la amabilidad”.
“Puse toda mi esperanza en el Señor, y me oyó y escuchó mis súplicas y me sacó del foso de la miseria y del pantano de la iniquidad”.
Evangelio del día
San Marcos 4,1-20
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó, y el gentío se quedó en tierra junto al mar.
Les enseñó muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos:
«Escuchad: salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; los abrojos crecieron, la ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
Y añadió:
«El que tenga oídos para oír, que oiga».
Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Él les dijo:
«A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”».
Y añadió:
«¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a conocer todas las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la semilla como terreno pedregoso; son los que al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre abrojos; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
Palabra del Señor
MEDITACIÓN
- Jesús se había vuelto tan popular que la gente le buscaba para oír sus enseñanzas, y no era precisamente porque entendieran lo que Jesús quería decirles sino porque habían escuchado de el y de los milagros que hacia, entonces utilizaba parábolas para enseñarles los secretos del Reino, una forma particular de comunicar su mensaje salvador a los incrédulos de manera oculta y se los explicaba en privado a sus discípulos claramente.
- El señor observa las actividades simples de la vida ordinaria para anunciar sus palabras, y poder llegar con facilidad y tocar los corazones de aquellos que no podían ver ni escuchar su mensaje a profundidad, pues utiliza al sembrador para referirse a Dios, y la semilla como la palabra, les recuerda a los apóstoles que se debe ser agradecido por haber sido elegidos por Dios para escuchar su mensaje salvífico, pues no todos tienen el privilegio de entender y comprender a lo que se refiere cada expresión dicha por él. Quienes se creían sabios en esos tiempos tenían una ceguera que no les permitía ver a Jesús a través de las obras, no dan valor a sus palabras que son espíritu y verdad , pero quien decide aceptar su buena nueva se le dará vida en abundancia.
- Cuantas veces dejamos que la ceguera espiritual nuble nuestro entendimiento para querer aceptar a Jesús en nuestros corazones, Dios nos muestra a menudo los signos de los tiempos que nos advierten sobre los peligros que causan la perdición del alma y nos interpela en nuestro interior, cada vez nos hace llamados para ir en busca de su reino, en el Padre Nuestro que rezamos cada día nos olvidamos que pedimos una y otra vez su reino venga a nosotros pero no hacemos nada para que su voluntad se de en nuestra vida y no hacemos ni el más mínimo esfuerzo para que ese reino se expanda fuera de nosotros mismos. Jesús es la luz que puede hacernos entender con claridad lo que Dios quiere para nosotros, y es el bien, solo debemos dejar que su voz resuene como un eco en nuestro ser y nos haga participes de la vida eterna.
- ¿Es nuestra vida el terreno fértil que Dios quiere para depositar la semilla de la palabra y esta de fruto?. Es nuestra actitud y disposición la que da respuesta a esta pregunta, muchos son los caminos que decide nuestra vida tomar, si ser tierra infértil o fértil, es decisión de cada uno, pues recordemos que amar a Dios es una iniciativa que se da y surge en nuestro interior, no debe ser impuesta, escuchar su palabra se da libremente , pero depende exclusivamente de nosotros si decidimos dejarla germinar para que de tantos frutos con las mejores ganancias que dará paso a obtener la salvación. El enemigo esta buscando arrebatar y confundir nuestra creencia en Dios, y aun más cumplir sus mandatos, pero es tarea nuestra abonar el terreno que se nos ha dado en este mundo, aumentar nuestra fe, y vivir con esperanza son los fertilizantes que mantendrán nutrido nuestro amor a Jesucristo. En muchos momentos tratamos de escuchar las palabras de Jesús y las tomamos con alegría pero viene el mundo y nos desvía la vista del horizonte que Dios nos tiene trazado para que lleguemos hasta el cielo. Que lindo es Dios que nos permite dar poco o mucho pero siempre nos tiene en cuenta, pues él ve la intención del hombre. Debemos ser agradecidos con Jesús pues nos ha revelado su plan de salvación solo nos queda abrir los ojos del alma y reconocerlo en nuestra vida.
PRÁCTICA DIARIA
- Asistir a Misa para llenarme de la Palabra de Dios, y dar frutos de buena voluntad con quienes me rodean.
- San Francisco de Sales nos dice: ““Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo.”
