LUNES, Tercera Semana de Pascua , 20 de abril de 2026 (Ciclo a)

SANTO DEL DÍA

Santa Inés Nació en Montepulciano, (Italia), a sus nueve años pidió permiso a sus padres para irse a vivir en un convento, fue tanta la estimación que ganó de las superioras que le encargaron atender las visitas teniendo catorce años, tiempo después en Montepulciano decidieron crear unas casas para religiosas, pidieron que enviaran como superiora al nuevo convento a Santa Inés, pues ya era notoria su santidad y responsabilidad entregada a sus deberes, ella sin más demora acepta el cargo, un día pensando a que comunidad religiosa acogerse, tiene una visión en la que se encuentra en el mar, hay muchas barcas con santos, pero se siente acogida por Santo Domingo de Guzmán, y entonces comienza a andar con los dominicanos, Santa Inés para mortificarse dormía en el suelo y en una Piedra como almohada, San Raimundo cuenta que se elevaba por la oración ferviente, que oro mucho un día y la despensa que no había nada que comer se lleno, también que se le presento un ángel que le pidió beber el cáliz de Jesucristo, también veía a Jesús como niño.

Evangelio del día

San Juan 6, 22-29

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».

Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».

Respondió Jesús:
«La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado».

Palabra del Señor

  • En nuestra vida diaria nos enfrentamos constantemente a elegir entre lo temporal y lo eterno, las gentes de este Evangelio buscaban a Jesús no por lo que el fuera ni tampoco por sus manifestaciones divinas, sino porque saciaba sus necesidades físicas, y estas actuaciones no están lejos de nuestras acciones hoy en día, vamos en busca de alimentar nuestras superficialidades, olvidando el alimento que nutre nuestro interior.
  • Jesús nos interpela a buscar todo aquello que nos lleva a tener un crecimiento espiritual, fomentando en nosotros virtudes que perduran en el tiempo, y que no sólo cambian nuestra persona para bien, sino que se extiende hacia aquellos que nos ven.
  • Además se nos plantea una pregunta muy significativa: ¿Trabajas por los bienes de arriba?, no basta con realizar actividades tangibles, es supremamente necesario trascenderlas, hacer que estas acciones generen una transformación continua en nuestra forma de pensar, hablar, y hacer. También se nos llama a creer en Jesucristo hacer vida el Evangelio, a estar con la voluntad y escucha siempre dispuestas al plan divino.

PRÁCTICA DIARIA

  • Realizar una comunión espiritual antes de recibir el cuerpo y la sangre de Jesucristo en la Santa Eucaristía.
  • Santa Inés nos recuerda que la oración fervorosa sube como incienso agradable a Dios.

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