
SANTO DEL DÍA
SANTAS FELICIDAD Y PERPETUA Y COMPAÑEROS MÁRTIRES (+203)
Santa Perpetua tenia veintidós años, madre de un niño de meses, era de familia rica, se dice que escribió un diario por la petición de sus compañeros mártires mientras estaba en prisión, allí narraba todo lo que sucedía, por otra parte Felicidad era esclava de Perpetua, estaba embarazada, dio a luz a una niña estando con Santa Perpetua en prisión, tiempo después los cristianos la terminaron de criar. Con ellas apresaron a un catequista el diácono Sáturo que las había instruido en la religión y las había preparado para el bautismo, y a unos esclavos Revocato, Saturnino y Segundo, a Felicidad le llevaban a la niña para amamantarla, ella sufrió mucho por no poderla criar, pero sus hermanas la cuidaron y educaron más tarde. El jefe del gobierno de Cartago llamó a juicio a Perpetua, pero la noche anterior la santa había tenido un sueño, en él que veía una escalera de sufrimientos pero Jesús le decía que su recompensa era eterna en otro lugar, ella contó a sus compañeros su sueño y ellos se llenaron de entusiasmo. Llamaron a los esclavos y al diacono, pero se negaron adorar dioses y confirmaron ser cristianos, luego fue llamada Perpetua a quien le insistieron dejara de ser cristiana, incluso su Padre que era pagano le imploraba pero ella se negó y se mantuvo firme en su fe, antes de su martirio comulgaron, a los condenados a muerte se les permitía tener una cena, ellos eligieron una cena Eucaristía. Los esclavos murieron despedazados por fieras en un circo, pero antes de esto querían que se disfrazaran de sacerdotisas y sacerdotes paganos pero ellos se negaron, al diacono lo despedazo un leopardo, él alcanzo a convertir un carcelero llamado Pudente, por otro lado, Santa Perpetua y santa Felicidad las corneo una vaca, luego moribundas las llevaron por petición del pueblo para que les cortaran la cabeza, allí murieron con generosidad por el gran premio que les esperaba en la eternidad.
Evangelio del día
San Lucas 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.
Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.
Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».
Palabra del Señor
MEDITACIÓN
- El Evangelio de hoy no solo se centra en aquel hijo que se pierde en los vicios y reflexiona de su vida mundana volviendo arrepentido al Padre, sino que también nos revela el amor de un Padre que es misericordioso y paciente que olvida lo pasado y vive el presente. Jesucristo quiere mostrarnos a un Padre que perdona a sus hijos hasta lo imperdonable porque sólo quiere salvar, traer a su morada aquellos que le pertenecen, que han salido de su mano creadora y que quiere vuelvan a casa. ¿Cuál es la imagen que tengo de Dios? ¿Tenemos miedo de ser castigados por Dios, debido a nuestras culpas?
- Nuestro Padre Celestial queridos hermanos no castiga y tampoco quiere condenar, somos nosotros mismos que nos castigamos, el pecado trae consecuencias, pecar es estar lejos de Dios, Dios solo quiere nuestro bien, ama al pecador más no el pecado, comprende nuestros errores, y conoce nuestra fragilidad, cuando caemos nos levanta y nos motiva a continuar, en ocasiones cuando en nuestra vida todo va mal no es porque Dios así lo quiera para quienes se olvidan de él, no funciona así en el cielo, Dios siempre estará a nuestra espera, en este tiempo de cuaresma estamos llamados acercarnos y dejarnos inundar del amor y el perdón del Padre por medio de su hijo Jesucristo y así podamos perdonar como él nos perdona.
- ¿Estamos dispuestos a conocer el amor de un Padre que nos ama incondicionalmente o queremos continuar en una vida lejos de su presencia?, no podemos comunicar a un Padre que es riguroso, si hablamos de amor y perdón, no podemos imaginarnos a un Dios Padre que aleja, que excluye.
PRÁCTICA DIARIA
- Rezar por mi Papá, hermanos, amigos, tíos, por todos los que me rodean, para que Dios nos de un corazón de amor profundo para saber perdonar y acoger a quienes sean equivocado, como lo hace nuestro Padre Celestial.
- Santas Perpetua y Felicidad, y compañeros mártires nos enseñan que “Ahora soy débil porque la que sufre es mi pobre naturaleza. Pero cuando llegue el martirio me acompañará la gracia de Dios, que me llenará de fortaleza”.
