
SANTO DEL DÍA
SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA (1838-1862)
San Gabriel nace en el pueblo de Asís, bautizado con el nombre de Francisco, quedo huérfano a sus cuatro años de madre y su Padre lo educó en la religión católica, San Gabriel era de carácter fuerte, de mal genio y con ira, estudió en un colegio donde recibía clases de los Hermanos Cristianos y los Padres Jesuitas, estas enseñanzas le ayudaron a dominar sus bajas pasiones. Este joven se destacaba por ser un gran bailarín, enamorado y con mucha alegría para ir a fiestas, pero estas acciones no lo llenaban completamente, en las cuarenta cartas que escribió le escribe a un amigo para disculparse y motivarlo a la vida en Jesucristo, tiempo después al terminar su bachillerato una gran enfermedad le hizo hacerle una promesa a Dios de entrar de religioso si se curaba, pero al mejorar de salud se le olvido la promesa y continuo su vida mundana, pasado un año cae gravemente por una laringitis y nuevamente promete ir de religioso, pero no cumple, aunque luego decide entrar a una comunidad rigurosa con los jesuitas fue aceptado, pero no se decide, un día en que la peste de cólera en Italia estaba propagada su hermana muere, y habla con su Padre pues decide entrar a una comunidad religiosa pero él le dice que se aburrirá por su vida libertina no podrá permanecer en ese lugar. En cierto momento en el que asiste a una procesión de la Virgen María siente el llamado y ruega a su Padre lo deje entrar de religioso así que su Padre influenciado por su director espiritual el joven Francisco entre a los Padres Pasionistas tomando el nombre de Gabriel de la Dolorosa, en esta comunidad los primeros meses sufre por la alimentación pero no se queja ni un solo momento, cumplía todo el reglamento de la Orden pero su vida religiosa fue breve, comienza sus estudios para ordenarse sacerdote y faltando poco para su ordenación contrae Tuberculosis, pero supo llevar con paciencia este sufrimiento por un año viviendo en sí la Pasión de Jesucristo como su comunidad le permitía contemplar en ese momento, muere pidiendo perdón y aconsejando a sus hermanos, es patrono de los laicos del apostolado.
Evangelio del día
San Mateo 5, 20-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil” tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehena” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».
Palabra del Señor
MEDITACIÓN
- ¿Has practicado la justicia del corazón?, pues está justicia no sólo evita las situaciones de injusticia, sino que nos motiva hacer el bien a todos, incluso aquellos con quienes no tenemos afinidad. Cuando estamos con resentimientos hacia una persona, nuestra relación con Dios se ve afectada. En nuestra Iglesia antes de participar, bien sea de la Eucaristía o de cualquier actividad apostólica, debemos procurar estar en paz con los demás, de esta manera acrecentamos nuestra fe, pues para adorar verdaderamente al creador se debe primero estar reconciliados y unidos en el amor con nuestros hermanos.
- Postergar la reconciliación afecta la misión evangelizadora, Jesucristo nos pide el Perdón inmediato y sincero con quienes hemos tenido dificultades o diferencias, para el Señor estar enojado con el otro es comparado con asesinato, estamos con derecho a enojarnos con el mal que nos hacen, pero este sentimiento debe no quedarse en el corazón, ni producir odio con quien comete la ofensa, se debe perdonar siempre y de manera rápida, así nuestro interior estaré en paz y tranquilidad.
- Perdonar no es fácil pero no es imposible, el perdón nos transforma, nos libera, nos motiva a seguir amando y sirviendo, fortalece nuestras comunidades de fe, nos hace más humanos más hijos de un mismo Padre, nos sentimos perdonados por él, y nos convertimos en cristianos auténticos que reflejan el mensaje de aquel que murió por amor en la cruz.
PRÁCTICA DIARIA
- Hoy recordaré aquellas personas que me han causado mal, perdonaré y oraré por ellas.
- San Gabriel de la Dolorosa nos enseña :”Intentaré día a día, romper mi voluntad, solo haré la Santa Voluntad de Dios”
