LUNES, Sexta Semana del Tiempo Ordinario, 16 de febrero de 2026 (Ciclo a)

SANTO DEL DÍA

San Onésimo fue un esclavo que se convirtió al cristianismo gracias a la predicación de San Pablo, era muy reconocido en Colosa de Frigia, un día cuando se escondía de su amo por haberle robado, conoce a San Pablo estando este preso en Roma, allí se convierte y se bautiza, luego el apóstol lo envía a Filemón quien lo perdona y lo pone en libertad, se dice que fue ordenado Obispo de Efeso y predicó el Evangelio, a causa del nombre de Jesús es puesto preso y muere lapidado.

Evangelio del día

San Marcos 8,11-13

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.

Jesús dio un profundo suspiro y dijo:
«¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».

Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Palabra del Señor

  • No estamos muy lejos del cumplimiento de este pasaje bíblico en nuestro tiempo, buscamos milagros para creerle a Jesucristo, si sanamos, si obtenemos el trabajo anhelado, si en casa todo anda bien, si somos exitosos y prósperos son los signos que nos permiten tener la confianza en el Señor, es lastimoso pensar de esta manera, no es lo que debemos conocer de Jesús entre más nos sumergimos en su persona encontraremos pruebas a nuestro paso, entre más conocemos de él no podemos buscar signos, nosotros mismos nos hacemos signos de conversión para quienes quieran saber de ese Dios amor.
  • El ser humano siempre va buscando signos para comprender los designios de Dios, no busquemos esto hermanos, vivamos la fe en Dios desde otra perspectiva, amando, sirviendo, allí en esas acciones encontraremos el verdadero significado de nuestras vidas, la respuesta a la Palabra de Dios, y comprobaremos que imitar a Jesús es lo que realmente importa, que amarlo es lo que nos salvara y nos llevará a su reino celestial

PRÁCTICA DIARIA

  • Buscar como signo para creer en Jesucristo el rostro de los necesitados.
  • San Onésimo nos enseña a donar nuestra vida terrenal por la vida eterna

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