DOMINGO, Sexta Semana del Tiempo Ordinario, 15 de febrero de 2026 (Ciclo a)

SANTO DEL DÍA

San Claudio nace en Lyon (Francia), su familia fue muy piadosa y de buen modo, estudió en un colegio de Padres Jesuitas y ahí comenzó a inclinarse por la vida religiosa, tiempo después ingreso a la Orden de los Jesuitas en Avignon dando clases por algunos años. Fue un gran orador impresionaba a cuantos le escuchaban, tenía una gran devoción al Sagrado Corazón de Jesús, al cumplir la edad de treinta y tres años decide comenzar una vida más espiritual en la oración, catequesis, llevando a muchas personas por el camino de la santidad. Años más tarde fue nombrado superior del colegio de los jesuitas en Paray le Monial, la ciudad donde vivía Santa Margarita, esta santa tenía visiones sobre el Sagrado Corazón de Jesús, pedía a Dios para que llegará un santo sacerdote y comprendiera su vida mística y fue San Claudio su director espiritual quien la animo y la comprendió en confesión sobre lo que le sucedía, y también ayudó para expandir la devoción del Sagrado Corazón de Jesús. Al ser enviado a Inglaterra logra muchas conversiones de protestantes al catolicismo, tanto así que las calumnias de muchos lo llevaron preso y allí tuvo muchos quebrantos de salud, el rey Luis XIV intercedió para que no lo mataran en aquel lugar, tiempo después muere Santa Margarita por medio de revelaciones supo de su muerte.

Evangelio del día

San Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo:
“No cometerás adulterio”.

Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.

Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

Se dijo: “El que se repudie a su mujer, que le dé acta de repudio.” Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.

Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

Palabra del Señor

  • Jesús nos anuncia una promesa, que quienes enseñen y cumplan los mandamientos de la ley de Dios serán grandes en el Reino de los cielos, tendrán una recompensa no inmediata sino eterna. El servicio y el amor son caminos seguros hacer grandes en el Reino.
  •  La ley de Dios es perfecta, regida no solo por la justicia sino también por la ley del amor, los mandamientos cobran valor cuando los cumplimos con amor, Jesucristo vino a darle sentido a aquellos mandamientos que mantenían esclavos a la gente, ahora esta ley del amor cobra sentido y otorga la libertad.
  • La sociedad en la que vivimos tan incrédula e indiferente a las cosas de Dios, requiere no imponer mandamientos, sino tener una coherencia de vida con ellos, que mi vida refleje que los cumplo, haciendo de mi testimonio una enseñanza viva, que encienda corazones con el Evangelio vivido.

PRÁCTICA DIARIA

  • Leer los mandamientos del amor de Dios y comenzar a cumplirlos en función del amor.
  • San Claudio me enseña a tener devoción por el sagrado corazón de Jesús.

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