SABADO, Decimoctava Semana del Tiempo Ordinario, 9 de agosto (ciclo c)

SANTO DEL DÍA

Santa Teresa nació en Polonia, tenia como nombre Edith Stein criada en una familia judía, le interesaba estudiar filosofía, y todos los asuntos relacionados con la mujer , fue radical, hizo parte de la organización “Asociación Prusiana para el Derecho Femenino al Voto”. Cuando la primera guerra mundial inicio, ella presto sus servicios de enfermería, fue movida a la religiosidad por la autobiografía de Santa Teresa de Ávila, en su vida de consagrada escribió muchos testamentos que contenían sus experiencias espirituales. Años más tarde ingresa a la orden Carmelitas descalzas, tiempo después muere en las cámaras de gas de Auschwitz cuando inició el odio de los nazis contra los judíos.

Evangelio del día

San Mateo 17:14-21

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo. Jesús contestó: ¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron, aparte: ¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros? Les contestó: Por vuestra poca fe. Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.

Palabra del Señor

  • Cuando no le damos el control a Jesús de todas nuestras acciones la fe flaquea. La fe no es solo creer en Dios, es creerle que Él puede hacer grandes prodigios, incluso aquellos que consideramos imposibles, hoy en día somos como aquellos discípulos, queremos controlar, nuestros caminos, proyectos, planes, sin colocar a Dios todo lo que somos y lo que queremos hacer.
  • Un corazón cerrado no mueve, no se transforma, debemos estar abiertos al mensaje del Señor para podernos abrir a su gracia, la oración nos permite expulsar de nosotros aquello que nos ata y no nos deja seguir adelante, la oración hace de nuestra fe como don de Dios, una fe fuerte, inquebrantable, que aun en el desafío, siempre confía y espera.

PRÁCTICA DIARIA

  • Pedir en oración todos los días que Jesús acreciente mi fe.
  • Santa Teresa Benedictina nos dice:“He estado siempre muy lejos de pensar que la Misericordia de Dios se redujese a las fronteras de la Iglesia visible. Dios es la verdad. Quien busca la verdad busca a Dios, sea de ello consciente o no.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *