
SANTO DEL DÍA
SAN ENRIQUE (972-1024)
San Enrique fue un apóstol de la paz en el siglo XI, fue un príncipe e hijo de un duque, se dedicó al cultivo de las letras con la dirección del obispo de Ratisbona, este consagrado forma en San Enrique no solo la inteligencia sino la voluntad, forjando en él un espíritu de piedad y una educación cristiana sólida. Al fallecer su padre se convierte en duque y en el príncipe con más futuro en Alemania, con un recto carácter y con justicia atiende las necesidades de su pueblo, su gobierno se destaca por ser fuerte y suave al mismo tiempo, su comprensión le permite perdonar, no fui interesado con quien le servía les dio el valor siempre. Años más tarde sucede a Oton III, convirtiéndose en el Emperador Imperial más ideal, en ese tiempo defiende los derechos de Benedicto VIII. Su genio militar le permite triunfar en todas las problemáticas que se le presentan en su gobierno, se convierte en el emperador más respetado en Europa por su fama de buen hombre, fue coronado como rey por el pontífice Romano, y años después muere junto a su esposa, este Emperador sumergido en los asuntos de guerras y problemas públicos llegó a ser santo, solamente por practicar un carácter según la voluntad de Dios dejándose guiar por sus mandatos.
Evangelio del día
San Lucas 10, 25-37
En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?».
Él le dijo:
«¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?».
El respondió:
«“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”».
Él le dijo:
«Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».
Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:
«¿Y quién es mi prójimo?».
Respondió Jesús diciendo:
«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”.
¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».
Él dijo:
«El que practicó la misericordia con él».
Jesús le dijo:
«Anda y haz tú lo mismo».
Palabra del Señor
MEDITACIÓN
- En los afanes de cada día es fácil olvidar que debemos ayudar a nuestro prójimo, al que está a nuestro lado. Quien siente el dolor ajeno, sin importar las creencias o su cultura es un ser humano, porque el amor y la misericordia no se tiene con unos pocos sino con todos sin distinción, siempre tendiendo la mano a quién lo necesita, la bondad debe movernos a dar amor, porque el amor de Cristo en nuestro vivir crea milagros en las personas.
- La parábola del buen Samaritano nos recuerda que cualquier acción de compasión con mis hermanos tiene un impacto grandísimo y puede llegar a cambiar por completo la vida de alguien, un consejo, hacer favores, ceder el asiento, etc. A veces no basta con solo ir a misa, debemos ser más activos en la fe, buscando servir a nuestros hermanos, la misa es el culmen de nuestras buenas acciones.
- Admirar las buenas obras de los demás no es suficiente, debemos también nosotros hacer lo mismo como nos lo dice Jesucristo en el Evangelio, imitar todos aquellos actos que nos llevan amar verdaderamente a nuestro prójimo. Conmovernos ante el dolor es una manifestación sincera de misericordia, nuestra vida debe tener presente la compasión con quien sufre, ser empático con quienes necesitan de nuestra ayuda sin importar las circunstancias, nuestro corazón debe ser movido a reaccionar ente el sufrimiento y es allí cuando realmente somos llamados hijos de Dios.
PRÁCTICA DIARIA
- Ayudar a los demás todas las veces que se pueda presentar la situación de servir de amar.
- San Enrique nos enseña a servir a los demás y obedecer los mandatos de Dios desde el lugar donde nos encontremos.

El servicio al prójimo y nuestro buen samaritano que nunca nos abandona Jesús