SABADO, Décimocuarta Semana del Tiempo Ordinario,12 de julio,(Ciclo c)

SANTO DEL DÍA

San Juan Gualberto fue hijo de un noble florentino rico, su vida cristiana inicio cuando perdonó al enemigo que había asesinado a su hermano, pero que guiado por el amor decide olvidarse de vengarse y dar cumplimiento a los mandatos de Dios, ingresa a una capilla y observa el crucifijo, donde Jesús le manifestaba su agrado por la acción tan misericordiosa que había tenido con quien le había hecho mal. Años más tarde al tener esta experiencia decide ingresar al monasterio benedictino de San Miniato, al enterarse internamente de que el Obispo de Florencia  accedió para que un monje comprará la vacante del abad que había fallecido y ocupar su lugar decide huir del monasterio y en la plaza los deja en descubierto tratándolos como herejes. Fundó su propio convento bajo la regla de San Benito debido a la decepción de sus hermanos, fue un monje peleón y radical en los asuntos que concierne a manejar con transparencia los conventos, siempre denunciando y manejando con rigor cada situación, pide limosna para alimentar a sus frailes y siempre con espíritu de servicio, muere en el monasterio de Passignano.

Evangelio del día

San Mateo 10,24-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!

No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.

Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por unos céntimos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; valéis más vosotros que muchos gorriones.

A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor

  • El miedo es sin duda alguna un estado que nos petrifica, que no nos deja avanzar y nos impide acercarnos a Jesús con valor, el maligno nos envuelve en una cobardía y pereza espiritual que nos ata al pecado, y nos aleja poco a poco del amor de Dios, en cambio Jesucristo quiere llenar nuestra alma de su paz para que aunque andemos en un valle de oscuridad podamos ser luz para quienes continúan en las tinieblas, no debemos tener miedo a quienes quieren acabar con lo tangible y superficial, pero no pueden destruir lo que Dios ha hecho crecer en nosotros y es la fe. La lucha constante debe centrarse en proclamar y dar a conocer a Jesús hasta donde se nos sea posible sin temor debemos avanzar. Es verdad que los seres humanos tenemos miedo a morir, pero la muerte no es el final de la carrera, si nos esmeramos por conseguir la santidad, sin duda alguna la muerte será una ganancia eterna.
  • Dios nos recuerda que nuestra vida vale mucho, que debemos cuidarla, pero que más vale nuestra alma, la cual un día estará en su presencia, y es necesario construir en ella un sagrario para Jesús, la fe en Dios debe suscitar en nosotros nuestro proceder hacer el bien, y no solo nos pide Jesús hacer el bien sino anunciar de ese bien a nuestros hermanos, para que juntos en perfecta unidad podamos gozar con él en el cielo. ¿En algún momento de tu vida te has avergonzado de reconocer a Jesús, y de darlo a conocer a quienes están a tu alrededor? Somos propiedad de Jesús por ende debemos continuar con su obra salvadora, son muchas las ocasiones en las que negamos a Jesús con el fin de ganar el mundo entero perdemos nuestra amistad con él y ponemos en riesgo nuestra salvación, con tal de encajar en esta sociedad actual vamos perdiendo uno a uno los valores y principios debemos esmeramos por cuidar nuestro interior, más que nuestra imagén.

  PRÁCTICA DIARIA

  • Entender el valor que tenemos por ser hijos de Dios, y consientes de esto vayamos a anunciarlo.
  • San Juan Gualberto nos enseña: “Hermano, te concedo el perdón que me pides, por la sangre que hoy derramó Jesús en la cruz”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *