
SANTO DEL DÍA
SAN CRISTÓBAL (+250)
San Cristóbal, fue un mártir de Asia menor a quien ya se rendía culto en el Siglo v. Su nombre griego, «el portador de Cristo», era un hombre muy apuesto de estatura colosal, con gran fuerza física, y tan orgulloso que no se conformaba con servir a amos que no fueran dignos de él. Cristóbal sirvió primero a un rey, aparente señor de la tierra, a quién Cristóbal vio temblando un día cuando le mencionaron al demonio.
Cristóbal entonces decidió ponerse al servicio del diablo, verdadero príncipe de este mundo, y buscó a un brujo que se lo presentará. Pero en el camino el brujo pasó junto a una Cruz, y temblando la evitó. Cristóbal le pregunto entonces si él le temía a las cruces, contestandole el brujo que no, que le temía a quién había muerto en la Cruz, Jesucristo. Cristóbal le pregunto entonces si el demonio temía también a Cristo, y el brujo le contestó que el diablo tiembla a la sola mención de una Cruz donde murió él tal Jesucristo, desde aquel momento San Cristóbal comienza su búsqueda de aquel que murió en la cruz, se dedicó en la orilla del rio a trasladar viajeros de un lado al otro por unas cuantas monedas, pero un día al cargar a un niño, le pregunta ¿Por qué pesas tanto?, el niño le responde soy el creador del universo, desde aquel momento conoció a Cristo, tiempo después fue bautizado en Antioquía. Se dirigió sin demora a predicar a Licia y a Samos. Allí fue encarcelado por el rey Dagón, que estaba a las órdenes del emperador Decio. Resistió a los halagos de Dagón para que se retractara. Dagón le envió dos cortesanas, Niceta y Aquilina, para seducirlo. Pero fueron ganadas por Cristóbal y murieron mártires. Después de varios intentos de tortura, ordenó degollarlo. Según Gualterio de Espira, la nación Siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo.
Evangelio del día
San Mateo 10,7-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«ld y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.
Gratis habéis recibido, dad gratis.
No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Si alguno no os recibe o no escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies.
En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquella ciudad».
Palabra del Señor
MEDITACIÓN
- La gratuidad es una característica netamente divina, y Dios la ha inscrito en nuestro ADN, por tanto el verdadero discípulo para que sea conocido y amado en el mundo debe practicarla. Donarnos, sin esperar nada a cambio, es lo fundamental y esencial en la vida de un cristiano y su misión autentica.
- Quien vive de esta manera cree y espera en la divina providencia, es decir se refugia plenamente en Dios, teniendo la certeza que toda bendición viene de Él, como su fuente y su fin, y nuestra vida y nuestro accionar están en sus manos, y por tanto, todo esta al seguro.
PRÁCTICA DIARIA
- Demos gracias a Dios hoy, porque Él nos ha salvado gratuitamente.
- San Cristóbal nos enseña esta buena frase, para iniciar una misión: “Dame, Señor, mano firme y mirada vigilante” para que todo lo que hagamos, sea reflejo de la gratuidad de Dios.
