LUNES, vigésimo cuarta semana del tiempo ordinario (ciclo a) -18 septiembre, 2023

SANTO DEL DÍA

SAN JOSÉ DE CUPERTINO (1603-1663)

San José nació en Cupertino (Italia) en una familia pobre, su Padre era un carpintero, a sus diecisiete años se presentó en los franciscanos pero no fue admitido, luego ingresó a la orden de los capuchinos pero lo expulsaron pues era distraído, regresó a su casa y su mama intercedió ante los franciscanos para que lo dejaran en el convento como mandadero. Tiempo después por ser un joven de mucha oración, penitencia y haber mejorado en los oficios, por acuerdo entre los religiosos lo admitieron en la orden franciscana, se dedicó a estudiar pero se le hacia difícil retener lo que leía solo sabia explicar la frase de la biblia bendito es el fruto de tu vientre Jesús, pero logro ser ordenado sacerdote gracias a que no le revisaron el examen por que algunos de sus compañeros habían respondido bien. Tiempo después entregado a la oración San José se elevaba hasta tal punto que levitaba estaba como en un estado de éxtasis, en la misa, en el convento con frecuencia era notorio este suceso sobrenatural, los superiores lo enviaban a conventos para alejarlo de la gente, pero el santo en muchos momentos experimento la sequedad espiritual y retomaba siempre con la oración y penitencia su consejo a todos los que le visitaban, era que nunca se cansaran de rezar, muere a sus sesenta años de edad.

Evangelio del día

San Lucas 7, 1-10

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaúm.

Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
«Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la sinagoga».

Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:
«Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».

Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:
«Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».

Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Palabra del Señor

MEDITACIÓN

  • En el evangelio de hoy nuevamente una expresión de fe sale a relucir, y en esta ocasión en un centurión Romano, que reconoce la autoridad y el poder de Jesús para sanar. La fama de Jesucristo por  sus milagros llego a oídos de este hombre , en el centurión solo se halla humildad, porque se cree indigno, pues su casa quizás no era la más adecuada para que el Mesías entrara en ella, ¿o sería quizás su vida?, pero solo bastaba en saber que con una palabra del Maestro todo cambiaría y esto solo lo podría hacer la fe. Con cuanto amor y bondad  Jesús miraba a quien estaba enfermo, en su vida pública lo que más hizo fue brindar compasión, misericordia y ternura a quienes sufrían dolencias corporales y espirituales, y a nadie negó la oportunidad de ser sanado pues su bondad es infinita, y sabe que quien tiene sed de Dios y se abandona en sus manos solo obtendrá lo que anhela su corazón.
  •  En este pasaje bíblico Jesucristo exalta la fe del Centurión, porque no siendo judío cree en sus palabras, solo con haber escuchado de él, no duda ni un momento en buscarle, pero Jesús lo hacía con una única intención, mostrar al pueblo cuan incrédulos eran, que nacidos en las prácticas piadosas judías no reconocían quien estaba frente a ellos, no querían escuchar la verdad. La fe no es más que esperar en quien se ha puesto toda confianza, es por eso que Jesucristo se vale de las enfermedades para que le hallen, busca a cada momento la atención del hombre para que lo haga parte de su vida y como el centurión quiere una fe firme que sea capaz de saber que lo que pide ya se ha cumplido.
  • Cuantas veces en nuestra vida nos hemos sentido indignos de presentarnos ante Jesús, de contarle nuestros problemas, abandonándonos en sus manos, pero nuestra falta de fe y confianza en él, ha hecho de nosotros hombres y mujeres incapaces de reconocer a quien puede sanarnos realmente, nos falta humildad para darnos cuenta que estamos tan enfermos que necesitamos de su compasión para caminar por este valle de lágrimas, nuestra mente impone a Dios para que nuestra voluntad sea escuchada, sin antes dejar que sea él quien tome las riendas de nuestra vida, pues él nos ha creado y conoce que necesitamos para ser felices, como nuestro alfarero nos moldea en el dolor, y por más que queramos huir de nuestras realidades él nos dice que busquemos en el sufrimiento una oportunidad para ser mejores, para pulirnos en la fe. Cuantas veces estando en la Iglesia, en misa, en la oración, en cualesquier práctica piadosa dudamos de las grandes obras que Jesús puede hacer en nosotros, pero cuantos ateos, o personas que tiene otras ideologías nos enseñan acciones heroicas que manifiestan la fe. Recordemos que quienes asisten a la iglesia no son más que enfermos necesitados de la gracia de Dios.
  • ¿Vemos la bondad en el otro como lo hace Jesús con nosotros?, como nos cuesta ver más allá de las apariencias, Jesús nos enseña una forma de vivir y es dar todo de nosotros a quien necesita, es desvivirse por las obras del Reino. La fe queridos miembros de la iglesia no es más que la convicción de la esperanza, si creemos sabremos que quien nos sostiene es nuestro salvador Jesucristo, que no quedaremos defraudados y que siendo Dios quien nos da la vida conoce todo de nosotros y sabe dar a a quien le implora con fe, que regalo tan grande de Dios para con nosotros, nos considera tanto en nuestras debilidades que solo nos exige la fe como el tamaño de un grano de mostaza, y aun así le fallamos. Si nuestra fe está siempre firme sólo bastara una palabra para que seamos sanados, esta frase repetida una y otra vez en la santa misa no debe ser desapercibida, debemos hacer que se cumpla, en el momento de nuestra enfermedad y debilidad tengamos presente que Jesús es quien tiene el poder sobre nuestra existencia reconocerlo en su autoridad es entender que su acción salvadora nos alcanzará sin reservas y veremos en nosotros un milagro que solo la fe en él explica.

  PRÁCTICA DIARIA

  • Pedir en oración todos los días que Jesús acreciente mi fe, pedir perdón en la santa misa las veces que pronuncio la expresión “Una palabra tuya bastará para sanarme” sin tener fe de que Cristo está en la Eucaristía y que es él quien escucha mis suplicas y cura mis enfermedades.
  • San José Cupertino fue considerado bueno para nada, pero nadie se imagino que con su oración con fe lo haría experimentar y gozarse en la presencia divina, tener fe y confianza en lo que hacemos es la clave para alcanzar grandes milagros en nuestra vida.

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